lunes, 6 de julio de 2009

Matryoshka


Inmóvil como una matrioska de madera sola comienza el descenso bajo la piel. Es la madre primera. La huérfana.

Bajo el oscuro rincón se abre la primera capa, una sonrisa forzada se pinta agridulce y recibe la sacudida de olvido. Es la madre segunda. La desarraigada.

Se abre lateral la enorme barriga y asoma un corazón sangrando coágulos con forma de navaja de media luna. Es la madre tercera. La visceral.

La sal empapa la cicatriz, y un torrente de diminutas lágrimas heladas calcifica otra figura. Es la madre cuarta. La melancólica.

Una pequeña y maciza asoma sacando la lengua. Es la madre última. La puta.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

valiente animal...sensibilidad de muñeca, mujer.

Un beso humeante,

carmen

María Peiró dijo...

Esa última madre, la puta, la compacta, debe encerrar otra madre, la que no se rompe, la de espíritu inquebrantable, la madre leña que calienta lo que toca y huele a raíces.

Vicent dijo...

Boris: Eres una mujer increíblemente compleja.
Sonia: En realidad soy... medio santa y medio perdida.
Boris: Espero llevarme la mitad mejor.

La última noche de Boris Groushenko (Love and Death. Woddy Allen. 1975)

Escena

Loredhi dijo...

Carmen,

Un beso de madera

Juana Pérez,

¿Existe esa última madre...?

Vicent,

Siempre, un placer agradecido.